La “conquista del paraíso” para los inmigrantes africanos
La documentación es el problema más angustioso de los inmigrantes en Europa. Los europeos, como es lógico, han endurecido las leyes tanto para la obtención de los visados de entrada en sus territorios, como para la legalización una vez en Europa. El inmigrante negroafricano por ejemplo, emprende su viaje (que suele durar mucho, a veces años) hacia Europa con el itinerario bien aprendido. A medida que avanza hacia el norte, (Senegal, Mauritania, Marruecos, Melilla), va adquiriendo conocimientos del continente a donde va.
En el norte de África se encuentran todas las estaciones de asalto. Es el centro de vigilancia y de información. Las mafias locales y europeas han aprovechado estas circunstancias para establecer sus “agencias de viajes”. Como estas “agencias” cuestan mucho dinero, algunos optan por otros medios: “Me metí debajo de un camión, pero me pillaron y me dieron una soberana paliza…”, nos cuenta un joven nigeriano en Barcelona. No tendría más de veintitrés años. La media de edad de estos viajeros ha ido bajando considerablemente en los últimos años.
En París, otro inmigrante africano cuenta que llevaba viviendo en Francia desde hacía más de diez años y sólo había conseguido el estatuto de estudiante. Se casó en su país pero las autoridades consulares francesas no querían darle el visado a su mujer. La incertidumbre duró dos años hasta que recurrió al soborno. “Gasté un par de millones de francos-cefa…”, dijo. Un diplomático consiguió darle un pasaporte francés con una falsa nacionalidad y por fin su mujer llegó a Francia.
Las autoridades ganan prestigio cuando arrestan a uno en situación ilegal y lo expulsan a su país. España, con el gobierno conservador recién estrenado, expulsó a un grupo de africanos tras drogar a todos ellos como si fueran animales del zoo. El presidente del gobierno español, José María Aznar, justificó entonces la medida diciendo que había un problema y se había solucionado. Una solución que no difiere de la que aplicó un capitán griego, en cuyo barco subieron unos polizontes senegaleses. Al ser sorprendidos en alta mar, el capitán heleno mandó tirar a los africanos al agua. Cuando le preguntaron en el juicio si no sabía que aquellas aguas estaban apestadas de tiburones contestó que, como los negros huelen tal mal, creía que los tiburones no se atreverían a aproximarse a ellos. El capitán griego tenía un problema y lo solucionó.
Pero muchas veces el expulsado inicia inmediatamente una nueva aventura para regresar. Lo hace siempre con otro nombre y, si es posible, con otra nacionalidad, algunas veces incluso con la de un país europeo.
En España la policía se ha quejado algunas veces de la poca o nula colaboración que reciben de los consulados africanos. “Los blancos molestan mucho”, confiesa riendo un diplomático centroafricano en la capital de España, cuando requerimos su opinión. “¿Por qué íbamos a facilitarles la expulsión de un compatriota? Han arruinado nuestros países, que aguanten ahora las consecuencias”, luego añadió: “Por otra parte, como usted sabe, nos cuesta saber si el detenido es realmente nuestro compatriota. No basta con que el individuo lleve encima un pasaporte de nuestra nacionalidad”. Y es verdad, muchos inmigrantes africanos llegan a Europa con pasaportes que no son de sus verdaderos países y no suelen inscribirse en ningún consulado por miedo a ser descubiertos.
La falta de documentación provoca una gran angustia en los inmigrantes. Muchos viven con documentación falsa. “He visto caras de personas que jamás podía imaginar que no tenían documentación en regla…”, nos comenta un inmigrante africano en París, a la vuelta de la comisaría de legalizar su estancia, aprovechando la oportunidad que acababa de dar a los ilegales el gobierno del socialista Jospin. Suele ser todo un espectáculo la alegría del inmigrante que consigue legalizar su situación. Se le cambian hasta las facciones y la cara refleja entonces una expresión de alivio y de paz indescriptible. Es posiblemente el momento en que el inmigrante tiene la sensación de haber conquistado, por fin, el paraíso por el que tanto había luchado. Conseguir o no el trabajo, suele ser ya una cuestión secundaria.
Inongo vi-Makomé, Problemas de los inmigrantes africanos en Europa(Fragmento). 2006
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Sugerencias
-Conocer la duración del proceso inmigratorio de los africanos hacia Europa.
-Indicar el recorrido habitual, en un mapa de África.
-Realizar un listado enumerando las dificultades de los emigrados.
-Explicar las opiniones de los europeos.
-Comprender la situación de la falta de documentación en un país extranjero.
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